Sep 03
Cinco cazadores hambrientos partieron a cazar un ganso. Uno era ciego, el otro cojo, el tercero sordo, el cuarto estaba desnudo y el quinto tenía una carabina sin cañones ni gatillo.

Entre arbustos que no habían crecido, buscaban un ave que aún no había nacido. Marcharon y marcharon, por montes, valles y desiertos, atrevesando cimos y abismos. Cuando miraron hacia atrás para ver el camino recorrido, se dieron cuenta de que sólo habían avanzado diez centímetros.
El sordo dijo:
- ¡Atención, oigo el aletear de un pájaro!
El ciego se puso una mano en visera y dijo:
- ¡Veo venir un ganso!
El que tenía una carabina sin cañones ni gatillo disparó y mató al pájaro. El cojo lo fue a buscar. El desnudo guardó el cadáver en uno de sus bolsillos.
Al borde de un lago sin agua ni orillas, comezaron a fabricar una fogata con ramas de los arbustos que no habían aún brotado. Pusieron el ave en una olla sin fondo y comenzaron a cocerla en un agua que no era húmeda sobre un fuego que no alumbraba. Pero el ganso estiró el cuello y no se dejó cocer. Miraba al cielo nada más y dejaba pasar los días. Cuando se lo quisieron comer vieron que tenía la carne más dura que sus huesos. A pesar de todo, lo devoraron, pero eso no les llenó el vientre. Los cinco cazadores no sonrieron ni tuvieron placer.
Maestro: aquello de lo que nos damos cuenta es sóla una mínima parte de lo que en verdad sucede. En Turquía, los viejos maestros, contaban este cuento a los niños no solamente para hacerles reir, sino también para adiestrar sus mentes infantiles.
Fuente: La sabiduría de los cuentos de Alejandro Jodorowsky
Sep 02
Nasrudin se fue a comprar un asno.

La feria de los asnos estaba en su momento álgido entre una multitud de campesinos. En medio del barullo reinante, le oyó afirmar a uno que allí no había más que burros y campesinos. Nada más.
- ¿Eres campesino tú también? – le preguntó Nasrudin.
- ¿Yo? No ..
- ¡Entonces, no me digas más! – ironizó Nasrudin.
Fuente: La sabiduría de los cuentos de Alejandro Jodorowsky
Sep 01
Un grupo de derviches llevaba andando varios días sin haber encontrado nada que llevarse a la boca. Con los estómagos vacíos, los religiosos soñaban más con los alimentos terrestres que con la elevación espiritual.

De repente, acertó a pasar cerca de ellos un elefantillo y cruzó el camino. Algunos pasos más lejos, un sabio, que estaba meditando, les puso en guardia:
- Os advierto de que no debéis comeros a este pequeño animal, pues os arriesgáis a lamentarlo amargamente.
Los derviches, ofuscados, le respondieron que semejante idea ni siquiera se les había pasado por la cabeza. Sin embargo, tan pronto como hubieron perdido de vista al sabio, atrajeron al elefantillo y lo mataron, lo asaron y se lo comieron. Sólo uno de ellos se niego a participar en la matanza del animal y a alimentarse de él.
Saciados, los otros se acostaron y se durmieron. El que no había comido estaba medio adormecido, cuando vio una inmensa sombra acercarse silenciosamente. Era la madre del elefantillo. Ésta paseó su trompa por encima de él, olfateó su aliento y luego se alejó. A continuación se dirigió hacia donde estaban los otros derviches, a los que olfateó a su vez. Después de haber reconocido en el aliento de estos hombres el olor de su pequeño, los pisoteó a todos ellos. El único superviviente fue el que se abstuvo.
Maestro: cuando te ensucias interiormente, acabas destruido por tu inconsciente.
Fuente: cuento de Rumi del libro La sabiduría de los cuentos de Alejandro Jodorowsky
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