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El árbol de los deseos

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Arbol de luz

Una antigua fábula hindú nos relata lo siguiente:

A un hombre le han contado que existe un árbol con la milagrosa facultad de hacer realidad todos los deseos del que se guarece bajo su sombra.

Este hombre, después de años de encarnizada búsqueda, encuentra ese árbol. Se sienta bajo él y piensa en una suculenta cena. De inmediato aparecen múltiples y maravillosos manjares. Cuando de cansa de comer, imagina bellas mujeres. Aparecen entonces hermosas muchachas que le permiten satisfacer sus deseos. Ahíto de los placeres carnales, pide riquezas. Aparecen cofres llenos de joyas y monedas de oro. El hombre comienza a temblar, temiendo que vengan a robarle sus tesoros. Entonces, aparece una banda de sanguinarios ladrones que lo cortan la cabeza y se llevan todo cuanto había acumulado.

Maestro: Llevamos el infierno y el paraíso dentro de nosotros. El árbol (que representa el mundo) nos dará aquello que proyectemos en él.

Un texto encontrado en el libro Cabaret Místico de Alejandro Jodorowsky

Belleza y Fealdad

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Atardecer rio

Un día soleado, la Belleza y la Fealdad decidieron salir juntas a pasear. Al pasar junto al río, se les ocurrió darse un baño bajo el fuerte sol de verano. Quitaron sus ropas y entraron lentamente en las aguas.

Juguetearon, salpicaron con sus saltos y caprichos dentro del agua y rieron hasta ya avanzada la tarde. Al salir, se vistieron rapidamente. Pero sin darse cuenta la Belleza se puso las ropas de la Fealdad, y la Fealdad se vistió con las ropas de la Belleza.

¡Hoy en día la gente sigue confundiéndolas!

Maestro: la verdadera Belleza o Fealdad de una persona, se observa en su corazón.

Fuente: autor desconocido,  foto cortesía de Carolina Vignola

Áquila soy

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Aguila

Había una vez un granjero que, mientras caminaba por el bosque, encontró un polluelo de aguila herido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en su corral. El ave aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como estos.

Un día, un naturista que pasaba por allí le preguntó al granjero:
- ¿Por qué este águila, el rey de todas las aves y pájaros, permanece encerrado en el corral con los pollos?

El granjero contestó:
- Me lo encontré malherido en el bosque.
- Le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo.
- No ha aprendido a volar. Ya no es un águila.

El naturista dijo:
- Es bonito de tu parte haberle recogido y haberle curado y cuidado.
- Sin embargo, tiene corazón de águila y con toda seguridad se le puede enseñar a volar.
- ¿Qué te parece si le ponemos en situación de hacerlo?

Le respondío el granjero:
- No entiendo lo que me dices.
- Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho.
- Yo no se lo he impedido.

El naturista:
- Es verdad, tú no se lo has impedido.
- Pero le enseñaste a comportarse como los pollos, por eso no vuela.
- ¿Y si le enseñáramos a volar como las águilas?
- Ok, probemos – dijo el granjero

Animado, el naturista al día siguiente sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana.

Le dijo:
- Tú perteneces al cielo, no a la tierra.
- Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo.

Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso y al ver desde la loma a los pollos comiendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo.

Sin desanimarse, al día siguiente el naturista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo:
- Eres un águila.
- Abre las alas y vuela. Puedes hacerlo.

El aguilucho tuvo miedo de nuevo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturista y saltó una vez más hacia el corral.

Muy temprano al día siguiente el naturista llevó al aguilucho a una elevada montaña.
Una vez allí le animó diciendo:
- Eres un águila
- Abre las alas y vuela.

El aguilucho miró fijamente los ojos del naturista. Éste, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente:
- No me sorprende que tengas miedo.
- Es normal que lo tengas.
- Pero ya verás como vale la pena intentarlo.
- Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila.
- Además estos días pasados, cuando saltabas pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas.

El aguilucho miró alrededor, abajo hacia el corral, y arriba, hacia el cielo. Entonces, el naturista lo levantó hacia el sol y lo acarició suavemente. El aguilucho abrió lentamente las alas y finalmente con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo. Había recuperado por fin sus posibilidades.

Fuente: autor desconocido

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