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Encuentro con Dios

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Rabindranath Tagore

Rabindranath Tagore

Yo buscaba a Dios toda la vida por caminos sin cuento y por mundo sin fin.

Creí verlo en las cumbres de las montañas, pero para cuando llegaba. Él y no estaba allí. Creí sentirlo en la lejanía de las estrellas, pero para cuando me acercaba, Él ya había partido.

Un día, de repente, me encontré ante un palacio resplandeciente con un gran portal sobre el que había escrito en letras de oro: “La casa de Dios“. Me llené de alegría y subí sin aliento los escalones que llevaban a la entrada.

Pero cuando había levantado ya la mano para llamar a la puerta, me asaltó la duda y mi mano quedó en el aire sin llamar.

Pensé:
- Si esta es en verdad la casa de Dios y me encuentro con Él, se acabó todo para mí.
- Se acabó la alegría de la búsqueda, el motivo de caminar.
- Una vez que encuentre a Dios, ¿qué voy a hacer?
- Y quedé paralizado sin llamar.

Alguien, desde dentro, había sentido mis pasos y se oyó una voz que preguntaba:
- ¿Quién está allí?

Yo eché a correr escalones abajo y me alejé de aquel lugar con mayor rapidez aún que con la que había venido. Y anoté el lugar en mi mente para no volver a acercarme a él.

Sigo caminando, sigo soñando, sigo buscando. No quiero detenerme en ningún palacio por esplendoroso que sea, en ninguna imagen por bella que sea, en ningún concepto por perfecto que sea. Aquél a quien anhela mi alma está por encima de todo y más allá de todo. Él es la fuerza de mi caminar, el aliento de mis pulmones, el motivo de mi existencia. Seguiré viviendo la aventura de caminar, en espera de la sorpresa eterna.

Autor: Rabindranath Tagore

El contrabandista

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Asno

Nasrudin solía cruzar la frontera todos los días, con las cestas de su asno cargadas de paja. Como admitía ser un contrabandista cuando volvía a casa por las noches, los guardias de la frontera le registraban una y otra vez. Registraban su persona, cernían la paja, la sumergían en agua, e incluso la quemaban de vez en cuando.

Mientras tanto, la prosperidad de Nasrudin aumentaba visiblemente.

Un dia se retiro y fue a vivir a otro país, donde, unos años mas tarde, le encontró uno de los aduaneros.

- Ahora me lo puedes decir, Nasrudin.
- ¿Que pasabas de contrabando, que nunca pudimos descubrirlo?

- Asnos – contesto Nasrudin.

Maestro: pensamos según unas pautas determinadas y nos cuesta adaptarnos a un punto de vista diferente.

Fuente: tradicional Sufi

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