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Dulce de hojaldre

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Dulce de hojaldre

Un sabio forastero llegó a Aksehir. Deseaba desafiar al hombre más culto de la ciudad y le presentaron a Nasrudin.

El sabio trazó un círculo en el suelo con un palo. Nasrudín cogió el mismo palo y dividió el círculo en dos partes iguales. El sabio trazó otra línea vertical para dividirlo en cuatro partes iguales. Nasrudín hizo un gesto como si tomara las tres partes para sí y dejara la cuarta para el otro. El sabio sacudió la mano hacia el suelo. Nasrudín hizo lo contrario.

Se acabó la competencia y el sabio explicó:
- ¡Este señor es increíble!
- Le dije que el mundo es redondo y me contestó:
- que pasa el ecuador terrestre por el medio.
- Lo dividí en cuatro partes, me dijo:
- las tres partes son de agua, la cuarta es de tierra.
- Le pregunté – ¿por qué llueve? y me contestó:
- el agua se evapora, sube al cielo y se convierte en nubes.

Los ciudadanos deseaban conocer la versión de Nasrudín:
- ¡Qué tipo más glotón!, me dijo:
- si tuviéramos una bandeja de dulce de hojaldre
- yo le dije – la mitad es para mí. Me preguntó:
- ¿si lo dividiéramos en cuatro partes?
- yo le contesté – me comeré las tres partes. Me propuso:
- ¿si le echáramos pistachos molidos?
- yo le dije – buena idea, pero se necesita un fuego alto.

Quedó vencido y se fue.

Fuente: tradicional Sufi

Amor verdadero

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Rosa rosa

Era una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.

Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo ví mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.

Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado. El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geríatrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella. El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que pacedía de Alzheimer. Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde. Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo.

Me sorprendió, y entonces le pregunté:
- Y usted sigue llendo cada mañana, ¿aun cuando ella no sabe quien es usted?

El sonrió y me acarició la mano y dijo:
- Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella.

Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba.

Fuente: autor desconocido

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