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Sordo, mudo y ciego

Gensha se lamentó un día ante sus seguidores:

Carpas de oro

– Otros maestros han mantenido siempre la necesidad de salvar a todo el mundo; pero supón que te encuentras con alquien que está sordo, mudo y ciego: él no podría ver tus gestos, oir tu predicación o, al mismo respecto, hacer preguntas. Incapaz de salvarle, has probado que eres un budista inútil.

Preocupado por estas palabras, uno de los discípulos de Gensha fue a consultar al maestro Ummon, quien, al igual que Gensha, era un discípulo de Seppo.

– Inclínate, por favor – dijo Ummon.

El monje, aunque cogido por sorpresa, obedeció el mandamiento del maestro; luego se enderezó con la esperanza de que su interrogante fuese respondido. Pero en vez de una respuesta, Ummon le lanzó un bastón. Él dio un salto hacia atrás.

– Bueno – dijo Ummon – no estás ciego.
– Ahora acércate.

El monje hizo como se le había ordenado.

– Bien, – dijo Ummon – tampoco estás sordo. Bueno, ¿comprendes?
– ¿Comprender qué, señor?, – dijo el monje.
– Ah, tampoco estás mudo, – dijo Ummon.

Al oír estas palabras el monje despertó como de un profundo sueño.

Maestro: vayas donde vayas encontrarás personas que no pueden entender. No piensas siempre en los demás. Primero resuelve tus problemas, entonces tendrás la claridad para ayudar también a los demás.

Fuente: … Y llovieron flores, historias y enseñanzas Zen de Osho

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