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Fortuna

Dios tomó forma de un mendigo, entró al pueblo y buscó la casa del zapatero. Tocó en la puerta y cuando el zapatero le abrió y le dijo:

Sandalias

– Hermano, soy muy pobre.
– No tengo una sola moneda en la bolsa y éstas son mis únicas sandalias.
– Están rotas, ¿me los puedes areglar?

El zapatero le dijo que estaba cansado de que todos le venían a pedir y nadie venía a dar.

– Pero yo puedo darte lo que tú necesitas – dijo el mendigo.

El zapatero desconfiaba del mendigo y le preguntó:

– ¿Tú podrías darme el millón de dólares que necesito para ser feliz?
– Yo puedo darte diez veces más que eso, pero a cambio de algo – dijo el mendigo.
– El zapatero preguntó ¿ a cambió de qué?
– A cambio de tus piernas.
– El zapatero respondió para qué quiero diez millones de dólares si no puedo caminar.
– Entonces puedo darte cien millones de dólares a cambio de tus brazos.
– ¿Para qué quiero yo cien millones de dólares si ni siquiera puedo comer solo?
– Entonces puedo darte mil millones de dólares a cambio de tus ojos.
– ¿Para qué quiero mil millones de dólares si no voy a poder ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos?
– ¡Ah, hermano! Qué fortuna tienes y no te das cuenta.

Maestro: la auténtica fortuna que tenemos no está en las cosas materiales, sino en vivir el ahora y en ser consciente de las alegrías que te ofrece el día a día.

Fuente: cuento de Facundo Cabral

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1 Comentario

  1. No nos damos cuenta de que lo que tenemos vale más que el millón de dolares.

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