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Fuego

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Fuego

El maestro Zen Mu-nan sabía que no tenía más que un sucesor: su discípulo Shoju.

Un día le hizo llamar y le dijo:
- Yo ya soy un viejo, Shoju, y eres tú quien debe proseguir estas enseñanzas. Aquí tienes un libro que ha sido transmitido de maestro a maestro durante siete generaciones. Yo mismo he añadido al libro algunas notas que te serán de utilidad. Aquí lo tienes. Consérvalo como señal de que eres mi sucesor.

- Harías mejor en guardarte el libro, replicó Shoju. Tú me transmitiste el Zen sin necesidad de palabras escritas y seré muy dichoso de conservarlo de este modo.

- Lo sé, lo sé – dijo con paciencia Mu-nan. Pero aún así el libro ha servido a siete generaciones y también puede ser útil para ti. De modo que tómalo y consérvalo.

Se hallaban los dos hablando junto al fuego. En el momento en que los dedos de Shoju tocaron el libro, lo arrojó al fuego. No le apetecían nada las palabras escritas.

Mu-nan; a quien nadie había visto jamás enfadado, gritó:
- ¿Qué disparate estás haciendo?

Y Shoju le replicó:
- ¿Qué disparate estás diciendo?

Maestro: el guru habla con autoridad de lo que él mismo ha experimentado. Nunca cita un libro.

Fuente: El canto del pájaro de Anthony de Mello

Estar presente

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Ningún alumno Zen se atrevería a enseñar a los demás hasta haber vivido con su maestro al menos durante diez años. Después de diez años de aprendizaje, Tenno se convirtió en maestro.

Templo de Kinkakuji

Un día fue a visitar a su maestro Nan-in. Era un día lluvioso, de modo que Tenno llevaba zapatos de madera y portaba un paraguas.

Cuando Tenno llegó, Nan-in le dijo:
- has dejado tus zapatos y tu paraguas en la entrada, ¿no es así?
- ¿puedes decirme si has colocado el paraguas a la derecha o a la izquierda de los zapatos?

Tenno no supo responder y quedó confuso. Se dio cuenta entonces de que no había sido capaz de practicar la conciencia constante. De modo que se hizo alumno de Nan-in y estudió otros diez años hasta obtener la conciencia constante.

Maestro: el maestro sabe mantener constantemente la conciencia y siempre está presente.

Fuente: tradicional Zen

Los tres hijos de Bokuden

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Zen

Bokuden, gran Maestro de sable, recibió un día la visita de un colega.

Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.

Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor. Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto cogió el vaso antes de entrar. Entró cerró detrás de él, volvió a colocar el jarro sobre el borde de la puerta y saludó a los Maestros.
- Este es mi hijo mayor – dijo Bokuden sonriendo -, ya ha alcanzado un buen nivel y va camino de convertirse en Maestro.

A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizo la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo.
- Este es mi segundo hijo – explicó al invitado -, aún le queda un largo camino que recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó pesadamente sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos.
- Y este – respondió el Maestro – es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia, pero aún es joven.

Fuente: tradicional Zen

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