Ene 24

El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la liberación y de aquellos que la alcanzan. Departieron durante horas. Por último, el discípulo le preguntó al maestro:
- ¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?
El mentor tomó entre las suyas las manos del perplejo discípulo, y le explicó:
- Tú estás durmiendo. Supóntelo. Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas.
Y la pregunta que yo te hago es:
- ¿Acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?
El Maestro dice: El ser liberado es como una flor que no deja de exhalar su aroma y, suceda lo que suceda, no se marchita.
Fuente: 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle
Ene 24

Una tarde, mientras Shichiri Kojun estaba recitando sutras, entro un ladrón con una afilada espada y le pidió su dinero o su vida.
- No me distraigas, puedes encontrar dinero en ese cajón – dijo Shichiri – y continuó con sus rezos.
Un momento más tarde paró y dijo:
- No lo cojas todo, necesito un poco para ir a pagar unos impuestos mañana
El ladrón lo cojió casi todo y se dispuso a marcharse.
- Dale las gracias a quién te hace un regalo – añadió Shichiri
El hombre le dió las gracias y se fue. Unos días mas tarde detuvieron al ladrón y entre otras cosas confesó el robo que le hizo a Shichiri.
Cuando este fue llamado a testificar,dijo:
- Este hombre no es ningun ladrón, al menos en lo que a mi me toca. Yo le dí a él el dinero, y el me dió las gracias
Cuando el ladrón cumplió su sentencia y salió de la carcel, fue a ver a Shichiri y se convirtió en su discípulo.
Fuente: Internet, autor desconocido
Ene 21

Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.
- ¿Quién es? – preguntó el yogui.
- Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.
- No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso. Luego, regresa y te daré instrucción.
Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui. Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda.
Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser. Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro.
Llamó a la puerta.
- ¿Quién es? – preguntó el yogui.
- Soy tú – repuso el discípulo.
- Si es así – dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.
El Maestro dice: Más allá de la mente y el pensamiento está el Ser. Y en el Ser todos los seres.
Fuente: 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle
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