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El elefantillo

sufies Incluir comentario »

Un grupo de derviches llevaba andando varios días sin haber encontrado nada que llevarse a la boca. Con los estómagos vacíos, los religiosos soñaban más con los alimentos terrestres que con la elevación espiritual.

Elefantillo

De repente, acertó a pasar cerca de ellos un elefantillo y cruzó el camino. Algunos pasos más lejos, un sabio, que estaba meditando, les puso en guardia:

- Os advierto de que no debéis comeros a este pequeño animal, pues os arriesgáis a lamentarlo amargamente.

Los derviches, ofuscados, le respondieron que semejante idea ni siquiera se les había pasado por la cabeza. Sin embargo, tan pronto como hubieron perdido de vista al sabio, atrajeron al elefantillo y lo mataron, lo asaron y se lo comieron. Sólo uno de ellos se niego a participar en la matanza del animal y a alimentarse de él.

Saciados, los otros se acostaron y se durmieron. El que no había comido estaba medio adormecido, cuando vio una inmensa sombra acercarse silenciosamente. Era la madre del elefantillo. Ésta paseó su trompa por encima de él, olfateó su aliento y luego se alejó. A continuación se dirigió hacia donde estaban los otros derviches, a los que olfateó a su vez. Después de haber reconocido en el aliento de estos hombres el olor de su pequeño, los pisoteó a todos ellos. El único superviviente fue el que se abstuvo.

Maestro: cuando te ensucias interiormente, acabas destruido por tu inconsciente.

Fuente: cuento de Rumi del libro La sabiduría de los cuentos de Alejandro Jodorowsky

Los Ciegos

india Incluir comentario »

Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta cuando llegaron un buen número de ascetas de diferentes escuelas metafísicas y tendencias filosóficas.

Ascetas

Algunos sostenían que el mundo es eterno, y otros, que no lo es; unos que el mundo es finito, y otros, infinito; unos que el cuerpo y el alma son lo mismo, y otros, que son diferentes; unos, que el Buda tiene existencia tras la muerte, y otros, que no. Y así cada uno sostenía sus puntos de vista, entregándose a prolongadas polémicas.

Todo ello fue oído por un grupo de monjes del Buda, que relataron luego el incidente al maestro y le pidieron aclaración. El Buda les pidió que se sentaran tranquilamente a su lado, y habló así:

- Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven.
- Que desconocen tanto la verdad como la no verdad ..
- tanto lo real como lo no real.
- Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado.

Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos.

Había un maharajá que mandó reunir a todos los ciegos que había en Sabathi y pidió que los pusieran ante un elefante y que contasen, al ir tocando al elefante, qué les parecía.

Unos dijeron, tras tocar la cabeza:
- Un elefante se parece a un cacharro

Los que tocaron la oreja, aseguraron:
- Se parece a un cesto de aventar

Los que tocaron el colmillo:
- Es como una reja de arado.

Los que palparon el cuerpo:
- Es un granero.

Y así, cada uno convencido de lo que declaraba, comenzaron a querellarse entre ellos.

El Buda hizo una pausa y rompió el silencio para concluir:
- Monjes, así son esos ascetas disidentes: ciegos, desconocedores de la verdad, que, sin embargo, sostienen sus creencias.

Maestro: la visión parcial entraña más desconocimiento que conocimiento.

Fuente: 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle

¿Enseñar la iluminación?

india Incluir comentario »

Convencido de la experiencia mística del Maestro, el rector de una prestigiosa Universidad quiso hacerle jefe del Departamento de Teología.

Universidad

Para ello entró en contacto con el más destacado de los discípulos del Maestro, el cual le dijo:

- El maestro insiste en la necesidad de ser iluminado, no en enseñar la iluminación.

El rector le contestó:

- ¿Y qué es lo que puede impedirle ser jefe del Departamento de Teología?

A lo que el discípulo le respondió:

- Lo mismo que le impediría a un elefante ser jefe del Departamento de Zoología.

Fuente: ¿Quién puede hacer que amanezca? de Anthony de Mello

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