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Léon con sed

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Un león que tenía sed se aproximó hasta un lago para beber.

Leon

Al acercarse vio su rostro reflejado en el agua, entonces dijo:
- ¡Vaya! Este lago debe de pertenecer a este león.
- Tengo que tener mucho cuidado con él.

Se alejó de las aguas, pero tenía tanta sed que regresó al cabo de un rato. Allí estaba otra vez ese león. ¿Qué hacer? no había otro lago cercano.

Otra vez retrocedió.

Unos minutos después volvió a intentarlo y, al ver al león, abrió sus fauces de forma amenazadora, pero el otro león hizo lo mismo, sintió terror. Salió corriendo, pero volvió varias veces, aunque siempre huía espantado.

Pero como la sed era cada vez más intensa, tomó finalmente la decisión de beber agua del lago sucediera lo que sucediera. Así lo hizo. Y al meter la cabeza en las aguas el otro león desapareció.

Maestro: el miedo (tal como el agua del lago) nos proyecta nuestras propias fantasmas.

Fuente: autor desconocido

Espejo, espejito ..

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Había una vez en Japón, hace muchos siglos, una pareja que tenía una hija. El hombre era noble, no era rico y vivía del cultivo de un pequeño terreno. La esposa era una mujer modesta, tímida y silenciosa que cuando se encontraba entre extraños, no deseaba otra cosa que pasar inadvertida.

Un día es elegido un nuevo rey. El marido, como caballero que era, se fue a la capital para rendir homenaje al nuevo soberano. Su ausencia fue por poco tiempo: el buen hombre no veía la hora de dejar el esplendor de la corte para regresar a su casa.

Espejo de metal

A la niña le llevó de regalo una muñeca, y a la mujer un espejo de bronce plateado (en aquellos tiempos los espejos eran de metal brillante, no de cristal como los nuestros). La mujer miró el espejo con gran maravilla: no los había visto nunca. Nadie jamás había llevado uno a aquel pueblo. Lo miró y, percibiendo reflejado el rostro sonriente, preguntó al marido con ingenuo estupor:

- ¿Quién es esta mujer?

El marido se puso a reír:

- ¡Pero cómo! ¿No te das cuenta de que este es tu rostro?

Un poco avergonzada de su propia ignorancia, la mujer no hizo otras preguntas, y guardó el espejo, considerándolo un objeto misterioso. Había entendido sólo una cosa: que aparecía su propia imagen.

Por muchos años, lo tuvo siempre escondido. Era un regalo de amor; y los regalos de amor son sagrados.

Su salud era delicada; frágil como una flor. Por este motivo la esposa desmejoró pronto: cuando se sintió próxima al final, tomó el espejo y se lo dio a su hija, diciéndole:

- Cuando no esté más sobre esta tierra, mira mañana y tarde en este espejo, y me verás. Después expiró. Y desde aquel día, mañana y tarde, la muchacha miraba el pequeño espejo.

Ingenua como la madre, a la cual se parecía tanto, no dudó jamás que el rostro reflejado en la chapa reluciente no fuese el de su madre. Hablaba a la adorada imagen, convencida de ser escuchada.

Un día el padre la sorprende mientras murmuraba al espejo palabras de ternura.

- ¿Qué haces, querida hija?, le pregunta.

- Miro a mamá. Fíjate: No se le ve pálida y cansada como cuando estaba enferma: parece más joven y sonriente.

Conmovido y enternecido el padre, sin quitar a su hija la ilusión, le dijo:

- Tú la encuentras en el espejo, como yo la hallo en ti.

Fuente: leyenda de japón, autor desconocido

¿Quién decide?

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Quiosco

Dos amigos se reunieron para comer y antes uno de ellos pasó por el quiosco a comprar el periódico. Este saludo amablemente al vendedor. El quiosquero, en cambio respondió con malos modales y muy desconsiderado le lanzó el periódico de mala manera. El comprador en cambio sonrió amablemente y pausadamente deseo al quiosquero que pasará un buen día, dándole las gracias por su servicio.

Los dos amigos continuaron el camino y cuando ya estaban alejados del quiosco, el otro amigo le dijo:
- Oye ¿Este hombre siempre te trata así?
- Si, por desgracia – le dijo el amigo
- ¿Y tú siempre te muestras con él tan educado y amable?
- Si, así es.
- Y ¿me quieres decir, por que tú eres tan amable con él, cuando él es tan antipático contigo?
- El amigo le contesto: es bien fácil. Porque yo no quiero que sea él quien decida como me he de comportar yo.

Fuente: autor desconocido

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