El poder de los cuentos, como usar los cuentos como herramientas de transmisión, una formación online ¡en directo! para educadores de 2 sesiones de 4 horas. El próximo sábado 4 y 11 de julio, grupos reducidos de máximo 12 personas, acceso desde cualquier país, coste 95€ Impartido por el equipo de Sloyu Mindfulness y contarcuentos.com. Reserva tu plaza ahora

El sabio Narada era un creyente hondo y profundo. Tan grande era su devoción que un día sintió la tentación de pensar que no había nadie en todo el mundo que amara a Dios más que él.

Cuenco leche

El Señor leyó en su corazón y le dijo:
– Narada, ve a la ciudad que hay a orillas del Ganges y busca a un devoto mío que vive allí. Te vendrá bien vivir en su compañía.

Así lo hizo Narada, y se encontró con un labrador que todos los días se levantaba muy temprano, pronunciaba el nombre del Señor una sola vez, tomaba su arado y se iba al campo, donde trabajaba durante toda la jornada. Por la noche, justo antes de dormirse, pronunciaba otra vez el nombre de Dios.

Y Narada pensó:
– ¿Cómo puede ser un buen creyente de Dios este patán, que se pasa el día enfrascado en sus ocupaciones terrenales?

Entonces el Señor le dijo a Narada:
– Toma un cuenco, llénalo de leche hasta el borde y paséate con él por la ciudad. Luego vuelve aquí sin haber derramado una sola gota.

Narada hizo lo que se le había ordenado.

– ¿Cuántas veces te has acordado de mí mientras paseabas por la ciudad?, le preguntó el Señor cuando volvió Narada.
– Ni una sola vez, Señor, – respondió Narada.
– ¿Cómo podía hacerlo si tenía que estar pendiente del cuenco de leche?

Y el Señor le dijo:
– ¡Ese cuenco ha absorbido tu atención de tal manera que me has olvidado por completo. Pero fíjate en ese campesino, que, a pesar de tener que cuidar de toda una familia y trabajar todo el día duramente, se acuerda de mí dos veces al día.

Fuente: cuento popular hindú